Los olores tiene influencia sobre nuestras emociones, por ello resulta clave elegir bien a qué huela nuestro hogar. Influirá en nuestro estado de ánimo, descanso, bienestar y vitalidad. No hay que olvidar que el olfato es el sentido más sensible pues el reconocimiento de un olor es inmediato. Incluso somos capaces de distinguir 10.000 aromas distintos.

En el recibidor, se debe usar un aroma neutro y suave. Se puede lograr con una mezcla de canela y naranja. Transmitirá armonía y equilibrio al mismo tiempo que invitará a entrar en nuestra vivieda.

Para el salón, recomiendo utilizar olores cálidos y luminosos. La bergamota, la naranja o la mandarina estimulan el bienestar y los pensamientos positivos. Resultan olores excelentes para una habitación donde pasamos gran parte del tiempo.

Para el cuarto de estudio, se debe usar un aroma estimulante. El limón, el romero y la menta favorecen la concentración., por eso se recomiendan para un cuarto de estudio o un despacho. Si los niños estudian en su dormitorio, hay que evitar estos olores pues no resultan nada adecuados para conciliar el sueño.

Para el baño y la cocina, recomiendo usar olores tipo «comodín». El olor a espliego, tomillo o salvia nos ayuda a activarnos cuando nos despertamos, por lo que va bien para el baño. No obstante, si buscamos un baño relajante, debemos apostar por la lavanda. En la cocina, el aroma no debe interferir con la comida. Si estamos en invierno, la caena es más cálida; y si es verano, el pomelo o el limón más refrescantes.

En los dormitorios, podemos usar un olor que invite al relax y la calma. La lavanda es el aroma más conocido y eficaz para favorecer el descanso y reducir la tensión y el nerviosismo. Además, también podemos usar la mejorana dulce y el azahar.

Foto vía Brico Invento

 

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