En ocasiones puede parece toda una hazaña conseguir que todos los miembros de un hogar colaboran en el orden, la limpieza y el cuidado de la casa. Se deben marcar unas reglas, mantenerlas y adaptar la casa para que se cumplan y nadie trate de hacerse el remolón.

En primer lugar, hay que dejar claro que todo cuarto debe estar ordenado y no manga por hombreo. El orden es el camino más fácil para la limpieza y el cuidado del hogar. Cada cosa debe ser guardada en su sitio: los juguetes en contenedores o cajas, los libros en las librerías, las bebidas en los armarios dedicados a ello, la ropa en los armarios, etc. No se puede admitir que la habitación sea un caos.

Un punto clave es el baño. Un baño desordenado, sucio o poco cuidado dice mucho de los dueños de una casa. La ropa sucia va al cesto o la lavadora, no se deja tirada por el suelo; las toallas se cuelgan en su lugar; los jabones y champués se dejan en la jabonera o el estante; el agua que cae al suelo o en el lavabo, se seca inmediatamente; y además, conviene tener cerca un bayeta y una fregona.

Por otra parte, el salón es de todos, pero debe ser cuidado por todos. Se puede jugar en él, usar las consolas, ver la tele, leer, etc. Pero se debe evitar comer en el sofá, saltar encima del miso o poner los pies sobre la mesa. Se recomienda poner una funda en el sofá y una estantería para que se puedan guardar objetos y no dejarlos en cualquier lugar.

Por último, en la cocina también es fundamental el orden. Después de cocinar, se tiene que limpiar la cocina y dejarla lista para entrar en ella sin tener que esquivar vasos, platos o demás utensilios. El lema de cada cosa en su lugar encuentra su máximo fundamento en la cocina.

Foto vía Decoración e Interiorismo

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